Educar Si, Castigo Físico No.
Mª Teresa Baos Recuero
Educadora Infantil
La inmensa mayoría de los padres y madres prestan más atención al mal comportamiento de sus hijos que al bueno. Muchas veces, a la hora de educarles, tratan de eliminar comportamientos indeseados en lugar de reforzar los deseados, tratando así el castigo prácticamente como la única herramienta de la que disponen para educar a sus niños. Pero cuando los padres centran su atención en las cosas que sus hijos hacen correctamente, premiando y elogiando, aumenta el comportamiento positivo, sustituyendo al negativo.
Todo lo contrario ocurre cuando la atención se centra en el mal comportamiento y se trata de eliminar utilizando el castigo. El niño no aprende el modo deseado de comportarse.
Hay que tener en cuenta que el castigo enseña a los niños lo que no deben hacer pero les impide aprender el modo correcto de comportarse. Muy beneficioso sería, que los niños/as tuvieran ciertas normas y reglas, lo que reforzaría su proceso educativo. A través de estos límites se regularían las conductas y comportamientos en la infancia, haciéndolas suyas, facilitando así el proceso de incorporación del niño en el mundo de los adultos.
Desde luego, lo que se muestra más ineficaz es el castigo físico. Con él se impide el razonamiento y el diálogo, sustentándose en la diferencia de fuerzas entre el adulto y el niño. Es un hecho que el castigo físico socialmente está aceptado, en cualquier nivel social. En el lenguaje, por ejemplo, y en cualquier idioma, se refleja este hecho en palabras o frases alusivas tales como “cachete”, “bofetón”, “torta” o “un buen azote”.
En España, casi la mitad de los adultos asegura que pegar es imprescindible “algunas veces”. En el resto de países europeos, la incidencia y aceptación son similares. Sólo algunos países como Suecia, Noruega, Dinamarca, Austria, Letonia, Finlandia, Chipre y Croacia introdujeron en sus leyes la prohibición en la familia del castigo físico.
¿Cómo hacer uso del castigo?
La mejor forma de cambiar un comportamiento sería recompensando el comportamiento deseado en lugar de castigar el indeseado.
El castigo siempre sería leve y de corta duración, entre 4 y 5 minutos. No dejarle usar su juguete preferido o algo parecido durante un día. Para que sea efectivo el castigo dependerá de la inmediatez con que se aplique, no de su duración. El objetivo es usar la técnica más efectiva para modificar su comportamiento sin hacerle sufrir para escarmentarle. Esto, desde luego, no sería educar.
La finalidad del castigo es enseñar y educar por lo que no sería bueno hacer uso de él estando enfadado. No debemos usarlo por venganza o por sentirnos bien.
No castigar con algo que nos gustaría fomentar, como por ejemplo, la lectura o la escritura. Podría llegar a ver esas dos actividades con desagrado.
Si se castiga varias veces la misma conducta a lo largo del día durante más de un día, hay que tener claro que el castigo no funciona, con lo que hay que cambiar de estrategia.
Educar no es otra cosa que el tener como meta el formar personas, enseñándoles a vivir y convivir, basándose en la adquisición de conocimientos, criterios, decisiones y comportamientos propios, desarrollando valores y expresando y reconociendo emociones. Todos los miembros de la sociedad deberíamos tener la educación como una de sus principales tareas.
Indiscutiblemente, los padres deben ser modelos referenciales, las primeras, que no únicas, figuras educativas.
Si un niño vive con hostilidad, aprende a pelear.
Si un niño vive con el ridículo, aprende a ser tímido.
Si un niño vive avergonzado, aprende a sentirse culpable.
Si un niño vive en la crítica, aprende a condenar.
Si un niño vive en la tolerancia, aprende a ser paciente.
Si un niño vive estimulado, aprende a tener confianza.
Si un niño vive con equidad, aprende a ser justo.
Si un niño vive en seguridad, aprende a tener fe.
Si un niño vive con aprobación, aprende a quererse a sí mismo.
Si un niño vive con aceptación y amistad, ¡aprende a encontrar el amor en el mundo!.
BIBLIOGRAFÍA
La mariquita gruñona. Eric Carle.
¡Mamá! ¿Cómo son las croquetas antes de cazarlas?. Javier Muñoz.
Castigada sin salir. Jesús Carrasco, Antonia Santolaya.
Rabietas, pataletas y malos modales. Jesús Jarque García.
Buenos modales en la mesa. Patricia Geis.
Buenos modales en la calle. Patricia Geis.
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